Las personas, los odios personales, mejor dicho, parece que importan más que la seguridad de los pilotos. Si se ofrece la cabeza del patrón denostado, el equipo se salva. Los equipos se independizan pero después dan marcha atrás a cambio de la cabeza del Presidente de la FIA. En la Formula Uno, las rencillas personales están por encima de todo lo demás. Así lo demuestran los hechos cada vez más.